Publicidad:
Terra
La Coctelera

Foro Soedu - Acerca de Experiencias Educativas


La página de Soedu muestra una serie de Experiencias Educativas para niños, jóvenes y adultos. Luego de hacer el recorrido por cada una de ellas, ¿cuál es su opinión sobre éstas?.

No olvide que también puede acceder a este espacio comunicativo desde el Foro ubicado en el menú lateral derecho, en la sección Categorías.

Esperamos sus aportes.

Foro Soedu - Participa en nuestro debate


Soedu abre este espacio para propiciar el debate en torno al tema sobre material educativo multimedial que contribuye en el trabajo dentro y fuera del aula.
Luego del recorrido por la página de Soedu ¿considera que ésta le brinda la información sufiente con respeto al tema?
No olvide que también puede acceder a este espacio comunicativo desde el Foro ubicado en el menú lateral derecho, en la sección categorías.
Esperamos sus aportes.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Educación a Distancia ?

Por Jorge Eduardo Padula Perkins *

La educación a distancia ha adquirido una dimensión extraordinaria en este siglo, en gran medida debido a la aplicación de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones en función didáctica.

No obstante, no se trata de una modalidad didáctica emergente del desarrollo de tales tecnologías. El valor de la educación a distancia no se halla en las herramientas que utiliza sino en la concepción pedagógica teórica y práctica con que se planifica, estructura y ejecuta. En este sentido sus antecedentes se remontan a más de 250 años atrás.

En líneas generales se trata de un procedimiento educativo cuyas características específicas radican en la separación física entre el maestro y el alumno y la consecuente mediatización de los contenidos.

Junto con la planificación propia de toda actividad educativa, adquieren particular relevancia es esta modalidad la elaboración de materiales de diseño específico y la gestión no presencial del docente a través de las denominadas tutorías.

Así el alumno, el docente tutor y los materiales (que incluyen tanto los contenidos conceptuales de la materia tratada como las instrucciones respecto de cómo enfrentar la tarea formativa) constituyen las tres patas sobre las cuales funciona el sistema no presencial de capacitación.

A diferencia de un estudiante libre, el alumno en situación de aprendizaje a distancia será orientado permanentemente por el sistema, que le planteará modos, tiempos y formas de acercamiento a los contenidos, como así también ejercicios de aplicación, verificación y autoevaluación que lo preparen para posteriores instancias de evaluación, en casos de carácter presencial.

Universidades y centros de estudio de distintos lugares del mundo avanzan en el desarrollo de proyectos que adoptan esta modalidad pedagógica.

Pero la educación a distancia es también una tentación para los negocios de corte educativo. Dicho de otro modo, las posibilidades de estructurar cursos a distancia con ciertos avales de dudoso valor académico y que resulten altamente rentables, son muchas y muy concretas.

De hecho, junto con la ampliación de la capacidad operativa de las universidades y otras casas de estudio en orden a la educación no presencial, ha aparecido en los últimos años una amplia oferta de capacitación permanente, en su mayoría no formal, pero también con avales académicos, que denotan una clara intención comercial.

Si bien la actividad educativa rentada es una empresa probadamente lícita cuyos aportes a la educación en general resultan no solamente indiscutibles sino también destacables, su libre ejercicio puede ser aprovechado por intereses espurios.

Ya en sus orígenes la educación a distancia estuvo asociada a cierta ausencia de rigurosidad académica. Y eso se debió a que, paralelamente con un desarrollo cuasi experimental en las universidades de la metodología de enseñanza no presencial, surgió el aprovechamiento sistemático y prácticamente anòmico de ofertas de cursos a distancia carentes de sustento institucional y/o pedagógico.

Porque redactar unos instructivos, que en casos no se diferenciaban demasiado de un simple manual (porque no contaban con el diseño pedagógico adecuado), proponer algunas actividades prácticas, evaluar ese procedimiento y finalmente acreditar el hecho, ha sido el claro negocio de muchos.

Motores, relojería, decoración, bonsái, y otras cuestiones, formaron parte de la oferta, generalmente dirigida a públicos no avezados en cuestiones educativas, pero ansiosos por aprender y mejorar sus perspectivas personales y sociales.

Resulta que si bien la producción del material para la educación a distancia, puede insumir inicialmente ciertos gastos de magnitud, sobre todo si se responde a una adecuada planificación, diseño pedagógico y estilístico y edición, esa inversión inicial es factible de ser amortizada mediante su utilización intensiva a través del tiempo.

De este modo los costos por unidad de los materiales se reducen en la medida en que se expande su utilización hacia cientos y miles de alumnos que pagan por ese material siempre un valor fijo, cuyo margen de rentabilidad aumenta en forma directamente proporcional con las cantidades vendidas.

Más aun, en la actualidad resultan menos onerosas todavía que los impresos, las reproducciones del material en CD rom, no obstante su precio de venta en el paquete educativo alcanza al de los materiales en papel y hasta los supera, al amparo de la novedad tecnológica y los visos de actualidad que el sistema adquiere con su adopción. De modo tal que se invierte menos y se cobra más.

De allí la tendencia a ofrecer cursos a distancia de distinta índole en soportes informáticos que les otorgan apariencia de modernidad al tiempo que bajan costos operativos. Esta utilización no invalida las ventajas de tales tecnologías, sino que se hace un aprovechamiento coyuntural de lo que podría aun considerarse como un momento de transición tecnológica. Porque los potenciales usuarios están motivados por la novedad y las ventajas de esos elementos, debido a lo cual no están en condiciones de juzgar equilibradamente las ventajas y debilidades de los mismos en comparación con otros soportes como el video, el audio y el tradicional papel.

Las versiones on line ni siquiera requieren el costo del CD, aunque sí reclaman una inversión en equipos para el servidor. Los usuarios toman los materiales de esos llamados “campus virtuales”, "webCT" o “plataformas de e-learning” mediante identificación personal y clave de acceso.

En este marco de cosas, aparece la expresión de moda: e-learnig, es decir, la educación electrónica, que no es sinónimo de educación a distancia, sino una de las formas que ésta puede adoptar en la práctica, en tanto y en cuanto utilice recursos electrónicos para mediatizar los contenidos.

Las facilidades con las que el desarrollo tecnológico dota a la formación no presencial se traducen de hecho en la preparación y oferta de cursos de la más diversa índole, la generación de plataformas en tal sentido y la oferta de avales mediante la creación de instituciones educativas propias.

En casos aparecen convenios con entidades formativas existentes que no tienen adecuada su tecnología para la creación de una plataforma tal y están interesadas en generar una oferta no presencial, tanto por las posibilidades de expansión de los servicios educativos, como porque le permite una adecuación a los tiempos y la consecuente modernización. En casi todos los casos, la variante constituye una posibilidad cierta de generar ingresos pecuniarios.

En este sentido, los críticos más radicalizados ven en la educación a distancia una amenaza a la educación pública, gratuita e igualitaria y la denuncian como instrumento para desarrollar la privatización de la educación mediante su transformación en una empresa de tipo industrial altamente rentable y segregadora de grandes sectores de la sociedad.

Lo cierto es que en el terreno de la formación no presencial entran tanto organizaciones educativas respaldadas por la capacidad de su idoneidad y la de su cuerpo docente, como improvisados grupos comerciales orientados exclusivamente por fines de lucro y en ocasiones hasta carentes de solidez académica. En medio de esos extremos, una amplia gama de posibilidades en forma de cursos y carreras con mayor o menor validez.

Respecto de las temáticas y niveles, valga citar como ejemplo que se ofrecen carreras de grado y posgrado junto con cursos de la más diversa índole que abarcan, entre otras, cuestiones tales como filosofía, música, plásticos, religión, medicina, salud e informática.

En definitiva, y al igual que ocurre en los formatos presenciales, en educación a distancia no toda la oferta es digna de igual consideración.

El futuro estudiante deberá estar atento a la calificación y valoración de tales ofrecimientos en orden a su respaldo académico, trayectoria, reconocimiento y validez de la acreditación, relación costo-beneficio, etc.

El potencial alumno a distancia deberá evitar ser encandilado por la forma con que las nuevas tecnologías permiten la presentación del e-learning y razonar respecto de los contenidos, el tratamiento académico y pedagógico, el costo y el respaldo ético e institucional con que se avala cada oferta.

FUENTES:

- Padula Perkins, J. (2000): “Educación a distancia ¿Un gran negocio o una solución democratizadora?” [en línea]. Venezuela Analítica. 8 agosto 2000.
. [Consulta: 9 agosto 2000].
- Padula Perkins, J. (2002): “Tecnología, mercado y educación a distancia” [en línea]. Boletín Electrónico de Noticias sobre Educación a Distancia. 8 noviembre 2002. http://www.uned.es/bened [Consulta: 8 noviembre 2002].
- Padula Perkins, J. (2003): Una introducción a la Educación a Distancia. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires.
- Solano, Gabriel: “Educación a Distancia: El negocio del siglo” [en línea]. En defensa del marxismo. Noviembre 1999. http://www.po.org.ar/edm/edm25/educacin.htm [Consulta: 13 abril 2003].


* Licenciado en Periodismo y Analista en Medios de Comunicación Social, Universidad del Salvador.
Realizó cursos de Capacitación Docente, Instituto Universitario de la PFA; Bases Conceptuales y Modelos Organizativos en Educación a Distancia, Universidad Nacional de Mar del Plata; Internet aplicado a la búsqueda de información científica con fines de estudio e investigación, USAL; Pensamiento lateral (E. De Bono), Facultad de Psicopedagogía, USAL; Uso de los medios en el aula, CEDIPROE y taller Los diarios on-line en la escuela, Instituto Programas Santa Clara.
Participó en el I Congreso Internacional de Nuevas Tecnologías y Necesidades Educativas Especiales, Consejería de Educación y Universidades región de Murcia, España; las Jornadas de capacitación Reflexiones sobre los aportes de Internet y otros medios a la educación, IPSC y Fundación Noble; el Primer Congreso Virtual Integración sin Barreras en el Siglo XXI, Redespecialweb.org; el Congreso Internacional Virtual de Educación (CIVE 2001 y 2002), cibereduca.com.
Consultor en comunicación pedagógica para la EAD.
Columnista especializado en temas de EAD en diversos sitios web.
Miembro activo de la Red de Estudiosos de la Educación a Distancia en el ámbito Iberoamericano (REEDI) de la Cátedra UNESCO de Educación a Distancia (CUED).
Autor del libro “Una introducción a la educación a distancia” editado (marzo de 2003) por el Fondo de Cultura Económica de Argentina.

¿Qué es leer en el mundo actual?

Por: Francisco Cajiao
facar@cable.net.co

Es claro que primero tuvo que aparecer la escritura porque de otro modo no habría habido nada que leer. Dejando de lado a los escribientes, escribas o escribanos de culturas antiguas, que eran capaces de leer sus propios textos, muy pocos tenían la posibilidad de descifrar jeroglíficos, tablillas cuneiformes o ideogramas.
Desde que la escritura fonética irrumpió en la historia humana, la mayoría de las personas entiende la lectura como el ejercicio de asignar sonidos a los signos y luego convertirlos de nuevo en lenguaje oral, así sea en ese proceso tan misterioso como complejo que es la lectura silenciosa, a la cual dedican parte de su vida las personas en este mundo actual, lleno de textos de todas clases, tamaños y funciones. Sin embargo, es importante tomar conciencia de que la lectura es mucho más que esto, dado que ahora hay una gran variedad de nuevas formas de escritura. Y esta reflexión tiene una especial validez para quienes se ocupan de la educación, pues todavía las instituciones escolares siguen pensando que para leer con eficacia es suficiente descifrar el abecedario.
Por todas partes hay pequeñas palabras, mensajes inconexos, dibujos y nombres sin significados, que es necesario asociar con cosas que sí tienen significado. Este es el verdadero trabajo del lector cotidiano: saber orientarse a través de una selva intrincada de signos que lo persiguen, lo invaden y de los cuales no puede escapar.
Quien no puede leer porque no sabe, o porque sus ojos no se lo permiten, está terriblemente desvalido para sortear con éxito sus horas de trabajo o de ocio en los laberintos urbanos. Igual le sucede a quien está en una ciudad o un país extraño, donde además de no conocer el idioma, tampoco sabe leer un mapa u orientarse por los signos dispuestos en las paredes o en los postes. Es necesario saber leer los horarios de aviones y de trenes, y relacionarlos con una lógica de operación de estos monstruos que pueden llevarse a alguien al lugar más inesperado sin que siquiera logre darse cuenta.
En otras palabras, leer no es más que una forma humana de habitar el mundo, sobre todo un mundo sobre el cual se pueda tener un mínimo grado de control. Y, por supuesto, leer es mucho más que descifrar mecánicamente unos signos, pues lo que importa en realidad no es cómo suenan, sino lo que esos pequeños dibujos pueden desencadenar en nuestro cerebro y en nuestros sentimientos, moviendo pensamientos y orientando nuestras acciones. Si se piensa con cuidado es fácil darse cuenta de que buena parte de las actuaciones de las personas, de lo que hacen y dejan de hacer, está dirigido por los textos que leen, especialmente de aquellos que sugieren, indican y convencen mediante mecanismos de persuasión muy cortos y eficaces.
Se gasta mucho tiempo enseñando a niñas y niños pequeños a unir letras y palabras que ellos no comprenden ni necesitan, mientras se olvida que su lectura real es otra y que desde que nacen están en contacto con un mundo físico y humano que deben descifrar continuamente, como parte de su aprendizaje esencial de supervivencia. Pero también sus gustos, sus deseos y sus placeres comienzan a estar asociados desde muy pronto con palabras especiales como Coca-Cola, cuyo significado, forma, sabor y contenido no tienen que ver con el desciframiento alfabético de la ce con la o, la ce con la a, etc., sino con un significado global que involucra un tipo de letra, un gusto, una alegría de vivir, una música, un color..., porque todo eso es Coca-Cola, que escrita de otro modo no significa lo mismo.
Uniendo un tipo particular de grafismos, unos colores, la forma de una botella y un nombre que no corresponde a ningún idioma es posible saber que cierta cosa se lee “cocacola”, sin importar si está escrito en caracteres chinos, árabes, japoneses, hebreos o cirílicos. De esta misma forma universal que une colores, usos, deseos y palabras aprenden los niños desde muy pequeños a leer gran parte del mundo de signos que los rodea, asociando sonidos y sabores, canciones y juguetes, marcas y prestigio. La lectura significativa temprana, que es de la cual se está hablando ahora, está profundamente ligada al mundo del consumo, de la fabricación de necesidades, de la domesticación inicial de los deseos y los gustos. Esta es la lectura inicial que mueve compulsivamente a la acción, porque genera la necesidad de comprar, de tener, de consumir desde la primera infancia.
Este inmenso mundo de signos escritos, que invaden todos los lugares de las ciudades y avanzan cada vez más hacia los campos, produce lectores inmediatos, espontáneos, que no requieren haber ido a la escuela para saber descifrar el nombre del deseo que se escribe en cada producto y en cada aviso publicitario. Se puede ser analfabeto en el sentido convencional y ‘leer’ sin titubeos el nombre de la leche, la marca de la bicicleta, distinguir si un televisor es Sony o Samsung... Basta sólo un poco de tiempo bajo la influencia visual de las vallas publicitarias, los empaques de productos, los jingles de la radio y los video-clips de la televisión para volverse un hábil lector.
De otra parte, hay todavía millones de seres humanos que viven alejados de estos mundos de palabras ‘comprables’ y comestibles. Se puede viajar en muchos países del Tercer Mundo durante horas, días y aun semanas sin ver nada distinto del paisaje: desiertos, sabanas, montañas, ríos, selvas. En esos lugares todavía hay mucha gente que vive en una época diversa, en la cual el signo escrito no parece inventado, donde no llegan las señales de radio o televisión. Desde luego, la mayoría de esas personas, sean niñas y niños o adultos de todas las edades, continúan siendo analfabetas totales, no por el hecho de que no sepan leer, sino porque no tienen cosas que leer, porque no hay signos lingüísticos escritos de los cuales dependa su vida, como ocurre en el caso de los habitantes de las ciudades.
Las palabras de la cotidianidad urbana, con toda su fuerza expresiva, constituyen un mundo propio, capaz de pensamientos, deseos, urgencias y acciones muy diferentes a aquellas características de los mundos en que predominan las cosas, los objetos directos de la naturaleza. En estos mundos, donde habita todavía una gran parte de la humanidad, la vida depende de otros tipos de lectura que conducen a orientar la vida individual y colectiva por la dura senda de la supervivencia en condiciones hostiles. En muchos lugares aislados del sur de Africa, de la cordillera de los Andes o de la estepa asiática lo que se debe aprender de forma precoz es la solidaridad de grupo y el apego a la tradición, sin los cuales es muy difícil sobrevivir a la adversidad del clima, la irregularidad de las cosechas y las precariedades de la salud. Es lo que se suele denominar con el nombre genérico de “la pobreza”.
El asunto del analfabetismo es, entonces, un asunto de pobreza. Quienes no leen y escriben son los pobres de la tierra, no por el hecho de no tener habilidad lecto-escritora, sino porque en los lugares que habitan hay pobreza de símbolos, de información, de oportunidades, de imágenes de la vida, de deseos, de aspiraciones, de instrumentos, de casi todo lo que pueden hacer los seres humanos —bueno o malo— para reinventar el mundo más allá de su estado primigenio.
Riqueza y pobreza humanas son términos que guardan estrecha relación con la necesidad mayor o menor de escribir y leer. Son más pobres los que necesitan muy poco de la lectura, porque eso significa que los mundos en que habitan requieren pocas palabras para ser ocupados: quizá sea suficiente conocer nombres y marcas de productos, rutas de buses, nombres de calles, sin ninguna lógica, para deambular pidiendo limosna en los semáforos de las grandes ciudades. Entonces se abandona la escuela en tercero o cuarto grado, porque más allá de estas cosas no se requiere saber leer instrucciones de uso de alimentos precocidos, ni manuales técnicos de aparatos tecnológicos, ni novelas, ni periódicos: para saberlo todo están la radio omnipresente y la televisión que siempre es posible conseguir, aunque sea en los grandes tugurios de Latinoamérica o de Asia. Quienes viven en el entorno de la riqueza, de la producción de alta tecnología, de los circuitos financieros, de la vida intelectual requieren, en cambio, altos niveles de capacidad lectora, pues casi nada en su vida viene sin la mediación de la palabra escrita. También los obreros de fábricas robotizadas, los funcionarios de los bancos, las camareras de los hoteles internacionales de lujo deben leer con fluidez –y a veces en más de un idioma– para tener idoneidad mínima en sus cargos. Pero también deben ser capaces de usar sistemas digitales a través de computadoras u otros instrumentos y maquinarias para extraer información (leer) o ingresar datos (escribir). El trabajo en el universo de la riqueza sustituye la fuerza de las manos con el poder de las palabras; donde hay más símbolos los seres humanos usan más su inteligencia que su habilidad motriz. Por el contrario, el trabajo en el mundo de la pobreza siempre estará más asociado con el músculo que con el cerebro, con el esfuerzo físico que con el ejercicio mental.
También quienes se esfuerzan más por comprender su naturaleza y la naturaleza de sus relaciones con el mundo y con las otras personas requieren más de la lectura que aquellas que viven solamente en el momento, pendientes de encontrar lo que su impulso les exige en el instante. Leen muchos libros quienes no se contentan con los mensajes publicitarios que orientan la moda, el alimento y el amor. Leen historias y novelas quienes tienen necesidad de llenar su tiempo y su memoria de acontecimientos y relatos más extensos que el recuerdo de su propia vida. Y si lo hacen, tal vez no sea por el hecho de que sepan leer, sino porque seguramente desde niños estuvieron rodeados de esos misteriosos objetos en cuyo interior se sospechaba que podrían existir secretos maravillosos. Por el contrario, leen pocos libros quienes viven solamente para comprar las cosas que el momento les exige, porque quizá siempre estuvieron rodeados de anuncios sugestivos y revistas llenas de fórmulas mágicas para la felicidad.
Este juego de ideas sobre la lectura y el analfabetismo muestra que lo más importante no es enseñar las habilidades propias de la lectura, como desciframiento de los signos convencionales de nuestro abecedario fonético, sino tratar de crear las múltiples necesidades de la lectura en grupos humanos que hasta ahora no la han necesitado porque en su entorno no hay libros, no hay empleo de alto nivel productivo y exigencia educativa, y no parece haber interés real de nadie en que salgan de su ignorancia y su enajenación.

Para mejorar la memoria de los niños, son útiles los juegos que requieren concentración y la lectura

Cuando los menores no recuerdan en dónde dejaron algo o si hicieron la tarea, pueden necesitar ayuda.
Es frecuente escuchar que los padres se quejan porque sus hijos “olvidan todo” y responden “no me acuerdo” a cualquier pregunta sobre sus deberes escolares, sus labores en el hogar o hasta por los conocimientos que adquieren.

Sin duda, un problema serio. Pero no de memoria, como consideran algunos padres, sino de atención y concentración. Un poco también de pereza o falta de motivación de parte de profesores y allegados.

“En general, no hay ningún daño de tipo neurológico –dice María Claudia Abello, psicóloga educativa–. Pero sí hay relación con problemas de aprendizaje porque al no poner atención, los niños tienen una memoria inmediata pero no a largo plazo”, agrega.

Cada caso es diferente

“Exceptuando aquellos ni-ños que tienen alguna limitación en su desarrollo, los que presentan dificultades de aprendizaje o trastornos de atención, todos los demás es-tán en capacidad de retener y evocar información de manera adecuada”, explica Lucía Vargas Posada, psicóloga infantil y de familia.

Pese a ello, hay que enten-der que algunos graban mejor lo que ven, otros recuerdan fácilmente lo que escuchan y muchos requieren información multimodal (auditiva, visual y táctil), para asimilar nuevos conceptos, integrarlos y evocarlos posteriormente.

La cuestión, sin embargo, no es tan sencilla. Es necesaria la motivación y la atención para lograr recordar. “Si analizamos las fallas de memoria, podemos encontrar que algunos niños olvidan datos que no les interesan, como un mensaje que le dejan a la madre por teléfono. Pero no pedir dinero para la merienda o que el padre dijo que irían a comer un helado”, explica Vargas.

En esta problemática intervienen muchos factores más. “Puede deberse a que los niños dedican buena parte del tiempo a ver televisión; no tienen conversaciones largas con sus padres, sino un simple hola; no tienen contacto con sus abuelos quienes ocupaban horas contando historias a sus nietos y desarrollando un importante campo de atención y concentración”, dice Miguel de
Zubiría, psicólogo y director de la Fundación Alberto Merani.

Agrava la situación la acti-tud de los padres. Si ante un olvido de algo importante o urgente, no pasa nada, no hay una consecuencia, es imposible que el niño aprenda tempranamente que debe poner empeño en recordar y cumplir con lo que se espera de él. Y si, por el contrario, no recibe felicitación cuando hace el esfuerzo, es posible que pierda interés al ver que no aprecian lo que hace bien.

Si el niño no recuerda en dónde dejó la lonchera y al otro día tiene una nueva, los padres lo están volviendo irresponsable. En cambio, si dura un mes sin lonchera…
Para ejercitarla
•Motive a sus hijos a participar en la vida cotidiana, jugar y hacer rondas, enviar mensajes sencillos, realizar dibujos con detalles próximos a la realidad y recordar eventos en secuencias lógicas.
•Promueva el orden en las actividades diarias. La desorganización generalmente se acompaña de muchas fallas de memoria.
•Invítelos a recordar en dónde dejaron un juguete y a que vayan a rescatarlo; a leer rimas y canciones y cuentos, y a narrarlos en sus propias palabras. También a realizar operaciones matemáticas rápidamente, a armar rompecabezas y a participar en juegos de mesa que cada vez les signifiquen más tiempo.
•Planee en orden las actividades y estimule el aprendizaje y la activa participación, pues se ha comprobado que se recuerda más fácilmente cuando el niño explora y encuentra una respuesta, que cuando la escucha de un adulto.
•Evite que permanezca horas frente al televisor. En cambio, motívelo a jugar con sus hermanos o amigos a actividades lúdicas, interesantes y de creatividad.
•Felicite al niño cuando se esfuerce en recordar, aunque al principio requiera de algunas ‘pistas’ de parte del adulto.
•Hágalo reflexionar sobre las consecuencias que tiene olvidar algo que es importante para los padres o para él mismo.
No haga lo que no debe
•No deje que sus hijos respondan “no me acuerdo” como una forma de evitar la búsqueda de un objeto que dejaron en cualquier parte. Es el mecanismo que utilizan para que usted u otra persona se encarguen de encontrarlo. Lo emplean también para no tener que dar explicaciones, para no contar algo o simplemente no establecer comunicación.
•Si olvidan frecuentemente el cuaderno con la indicación de la tarea, no les ayude a buscar la información con los compañeritos. Tampoco les ayude a resolver a última hora los deberes que dejaron pendientes, como la compra de materiales para un trabajo. Los niños deben aprender a enfrentar las consecuencias de sus faltas de atención con los deberes escolares que se les asignan.
•No los deje sin ayuda. Si el caso de falta de memoria es muy notorio y perjudica la convivencia familiar pero también el rendimiento académico, es importante buscar ayuda con el psicólogo o el terapeuta. Igual si los olvidos son cada vez más frecuentes.
•No los regañe ni les diga cosas como ‘es el colmo que no te acuerdes’ o ‘en qué mundo vives’. Mejor motívelos a recordar.

MARISOL ORTEGA GUERRERO
Redactora de EL TIEMPO
www.eltiempo.com

SOFTWARE EDUCATIVO: El ingrediente olvidado

Por Ing. Héctor A. Silva Sánchez
¿Qué ocurriría si omitimos la harina durante la elaboración de un pastel? Consecuencias similares se pueden obtener al olvidar el software en la informática educativa.
Los programas para computadoras, también llamados "software", no solamente son un elemento indispensable para que éstas funcionen. De hecho, es el software el que determina el "comportamiento" de las computadoras y por tanto, su utilidad. A pesar de esto, en nuestro país, aproximadamente el 75% de los planteles educativos equipados con centros de cómputo, tienen programotecas (colecciones de software) con tres o menos programas (!), los cuales a menudo ni siquiera son educativos. Esta situación hace evidente que la magnitud del beneficio que la tecnología computacional puede ejercer sobre la educación, está muy por debajo de su potencial.
Resulta lamentable que, tras el gran esfuerzo económico que representa la compra del equipo computacional para montar un laboratorio de cómputo, éste reporte beneficios muy inferiores a su potencial por la falta del software adecuado, el cual a menudo cuesta mucho menos que el equipo. Es difícil de creer que la mayoría de los laboratorios de cómputo escolares trabajen al 10% de su capacidad por la falta del 10% de sus recursos. La pregunta obvia ante tal circunstancia es ¿por qué?. La respuesta, ya no tan obvia, nos conduce a varias razones: (1) la piratería, (2) la concepción errónea de eficiencia económica, (3) la falsa sensación de autosuficiencia, (4) la falta de asesoría profesional, (4) la “insatisfacción” por la oferta de software y (6) la naturaleza intangible del software.
1) Piratería
Sin duda, la piratería de software es el problema número uno de la informática educativa. Consiste en el uso y/o reproducción de programas de cómputo sin los debidos derechos. Se presenta por falta de conocimientos sobre la materia o por acción dolosa. En el primer caso, profesores y directivos piensan que el software es gratuito; a veces el alumno le “regala” una copia al profesor; otras veces el profesor compra una licencia individual, y piensa que es correcto usar el programa en todas las computadoras del plantel simultáneamente. En el segundo caso se presentan variantes que van desde el engaño que piratas profesionales ejercen sobre instituciones educativas, vendiéndoles productos falsos pasándolos por genuinos, hasta la simple utilización de programas por parte de la institución, con plena conciencia del delito que se está cometiendo, a menudo minimizado porque “todos lo hacen”.
A pesar de ser la piratería de software un asunto no solo legal sino moral, resulta paradójico el hecho de que ésta se presenta sin discriminación en todo tipo de instituciones educativas, incluyendo un gran porcentaje de aquellas que pretenden educar con “valores morales”.
La piratería no solo es causa de que la industria del software educativo avance lentamente, sino que, como consecuencia de ello, el impacto de la informática en la educación se ve minimizado, pues al haber menos productores de software, existen menos opciones para la educación por computadora.
2) Concepción errónea de eficiencia económica
Ocasionalmente, directivos y maestros de cómputo encuentran en el software una "carga económica" para la institución, y por tanto, asumen como suficiente que los alumnos pasen tres o seis años de instrucción informática conociendo el "sistema operativo" y uno o dos programas de productividad. Desafortunadamente, esto tiene como consecuencia un profundo desaprovechamiento del equipo de cómputo, dejándose de lado la oportunidad de apoyar el estudio de las materias tradicionales con recursos computaciones. Esta circunstancia es similar a no usar un automóvil por no "gastar" en la gasolina, ya que, una vez que se ha hecho la mayor inversión al comprar los equipos de cómputo, se está omitiendo la inversión de software, a menudo mucho más reducida, pero que representa el mayor porcentaje del aprovechamiento del equipo.

3) Falsa sensación de autosuficiencia
Eventualmente, maestros o instructores de informática escolares, conscientes de la necesidad de contar con software que les permita apoyar sus cursos, deciden destinar parte de su tiempo para la elaboración del software necesario. Por desgracia, esta decisión suele traer como consecuencia, en la inmensa mayoría de los casos, un retraso en la adquisición de los correctos recursos de software, ya que generalmente estos proyectos no son concluidos o arrojan productos muy débiles, en comparación con software disponible comercialmente. Esto se debe a que los mejores programas educativos no son producto del trabajo a ratos de una persona, sino que suelen involucrar a equipos multidisciplinarios de desarrollo que trabajan meses o años en cada proyecto. Más aún, el aparente ahorro que representa el autodesarrollo del software educativo, en realidad se convierte en una carga económica para la institución, ya que el costo horas-hombre de un desarrollo propio resulta mucho más alto que la compra de software educativo comercial.
4) Ausencia de asesoría profesional
Conscientes de la necesidad de apoyo para tomar decisiones relacionadas con informática, generalmente los directivos escolares buscan a gente con experiencia computacional para respaldar su toma de decisiones, por lo general vendedores de computadoras. Aunque con dignas excepciones, los asesores de este tipo tienden a centralizar la solución en el equipo, lo que realmente venden, ignorando la importancia del software y del personal de cómputo. De esta manera, la idea de que el equipo es "lo importante", originada en el asesor, se asienta en el directivo, quien toma sus decisiones en función de eso.
5) Insatisfacción por la oferta de software o síndrome “príncipe azul”
Ocasionalmente, profesores y directivos escolares se quejan de que el software existente en el mercado no satisface sus requerimientos pedagógicos. Por desgracia, a menudo estas quejas no son derivadas de un verdadero análisis de las opciones existentes; por lo general son emitidas por gente que en realidad conoce sólo un pequeño porcentaje del software disponible.
Por otro lado, es cierto que sería deseable que existiera una mayor cantidad de opciones de software educativo. No obstante, el no existir aún el software pedagógicamente ideal (software “príncipe azul”) no debe ser motivo para dejar de lado la oportunidad de encontrar ya en la computadora, al poderoso aliado educativo que a todos beneficia.
6) Naturaleza intangible del software
No solo en el contexto educativo, sino en todos los órdenes de la informática, el software ha "vestido la más discreta indumentaria"; seguramente por su carácter intangible, a menudo se torna "invisible" ante los ojos de la mayoría de la gente. Esto explica que a menudo los directivos escolares piensen en el equipo y el personal, como los únicos ingredientes necesarios para montar un laboratorio de cómputo, y por tanto, destinen recursos económicos sólo a estos rubros.
No olvidemos la harina en el pastel. El contar con los recursos de software apropiados, no solamente representa un factor de liderazgo educativo, sino que en realidad es la manera de obtener un real provecho de la tecnología computacional. En la misma medida en la que exista una mayor conciencia del papel del software en la educación, existirá también un real beneficio derivado del uso de la computadora.
(C) Copyright 1998 Héctor Alejandro Silva Sánchez, Derechos Reservados

La otra cara de la tecnología en la Educación

Por Ing. Héctor A. Silva Sánchez

Por largo tiempo, la T.V. y los videojuegos han preocupado con justicia a padres y educadores, debido a las consecuencias negativas de diversa índole que pueden inducir, con especial énfasis en el sector infantil. Recientemente Internet se ha unido a estas tecnologías inquietantes, debido a que, al igual que éstas, o incluso en mayor medida, puede hacer llegar a los educandos contenidos inapropiados. Esta preocupación ha dado lugar, en muchos casos, a medidas enérgicas como la prohibición a los pequeños, por parte de los padres o educadores, del acceso a estas tecnologías. ¿Es ésta la solución al problema?. Ojalá fuera así de simple. ¿Dejaríamos de usar los autos por temor a los accidentes?. La realidad es que la TV, los videojuegos e Internet tienen, como casi todo en la vida, un lado positivo; prohibirlos, sería privar al educando de poderosas herramientas de apoyo para su formación. Las tecnologías en cuestión no solamente son capaces de llevar a la niñez un contenido sano y recreativo, sino que tienen el poder de aportar ingredientes que favorezcan el crecimiento intelectual de los educandos. Las tecnologías citadas no son, por sí mismas, buenas o malas; el uso que de ellas se hace, es lo que determina su virtud.
La televisión
Comúnmente se han utilizado frases como "la caja idiota" para definir a la TV. Esta situación es entendible, debido a que tradicionalmente la televisión ha sido tan mal utilizada, que mucha gente la ve como un elemento nocivo. No obstante, creer que este tipo de frases corresponden a la realidad conlleva el riesgo de desaprovechar el potencial educativo que esta tecnología ofrece.
En efecto, tradicionalmente la TV ha sido desaprovechada, presentando con muy alta frecuencia programas con poco valor, o incluso con contenido negativo, por lo que se ha generalizado la idea de que esta tecnología no solo carece de utilidad para el desarrollo intelectual del educando, sino que incluso puede afectar negativamente su crecimiento cultural. Encasillar a la televisión como algo inútil o hasta perjudicial no sería tan grave si no fuera porque ésta puede convertirse en un excelente aliado para la educación. Dependiendo de su contenido, la TV puede no sólo ser un instrumento de sano entretenimiento, sino que, bien aprovechada, puede significarse como una poderosa herramienta educativa.
Desafortunadamente, hacer buena televisión educativa no es tarea fácil. Muchas veces se ha pensado que los programas que pretenden ser culturales son aburridos por naturaleza, y no son capaces de captar la atención de la audiencia en la misma medida que lo hacen muchos programas con nulo contenido formativo. En efecto, desgraciadamente, han abundado emisiones con excelentes intenciones educativas, pero desafortunados logros. Esto, sin embargo, no quiere decir que no sea posible hacer buena televisión cultural, atractiva y capaz de envolver al teleespectador. En cambio, esto significa que realizar este tipo de programas implica un esfuerzo superior al que usualmente se ha aplicado.
La buena noticia es que el número de ejemplos de buena televisión educativa es cada día mayor. Así por ejemplo, al clásico educativo "Plaza Sésamo", se han unido valiosas emisiones de nuestros días, entre otras muchas: "Barney y sus amigos", "La Computadora del Tiempo", "El mundo del Beakman", "El Mundo Animal de los Kratt", "Vida en Línea" e "Historia Viva", por mencionar sólo algunos. Este afortunado crecimiento en la oferta de excelentes programas con contenido educativo ha dado lugar incluso a la existencia de canales que transmiten principalmente este tipo de programación en nuestro idioma. Discovery Channel, Discovery Kids y Mundo Olé son excelentes ejemplos, cuyas emisiones, sumamente atractivas y con alto valor educativo, demuestran que la TV, bien elaborada, no debe verse como un enemigo de la educación, sino como su poderoso aliado.
Videojuegos
Otra tecnología subentendida la constituyen los videojuegos. Desde su aparición se debaten diversas circunstancias relativas a éstos. Los detractores hablan sobre la "mala influencia" que pueden ejercer sobre los jugadores, por su alto contenido de violencia. Otros encuentran en los videojuegos no sólo un aparato para la recreación, sino un destacado instrumento que ayuda al "desarrollo psicomotriz" del individuo. En este mar de polémicas hay algo que nadie duda: los videojuegos tienen el "poder mágico" de captar vigorosamente la atención del usuario. Esto se debe fundamentalmente a su carácter interactivo. A diferencia de los televidentes, los videojugadores tienen la enorme ventaja de conducir el flujo de los acontecimientos. Es precisamente esta característica la que permite entender porqué los videojuegos pueden convertirse en un poderoso instrumento educativo.
Al igual que los programas de TV, muchos videojuegos se destacan por su contenido educativo nulo o negativo; pero también, como en el caso de la TV, existe una buena cantidad de juegos de video, principalmente hechos para computadoras personales, que no solo ofrecen un placentero momento al jugador, sino que le enriquecen educativamente. Algunos de los principales ejemplos en este género lo constituyen juegos de video como "Math Blaster" o "Reading Blaster" de Davidson, "Carmen San Diego" de Broderbund o, en nuestro idioma, "Castillo de Drácula" u "Olimpiadas de Arnoldo" de Vermic.
Los videojuegos pueden convertirse, al igual que la TV, en valiosos instrumentos en favor de la educación de niños y jóvenes. Satanizar esta tecnología priva al educador de un provechoso recurso.
Internet
Al igual que las dos tecnologías mencionadas anteriormente, el aporte de Internet a la educación se ha convertido en objeto de polémica. Mientras que la mayoría de la gente identifica a la red mundial como un agente de influencia positiva para múltiples ámbitos del quehacer humano, incluido el de la educación, al mismo tiempo existe una justificada preocupación producida de los contenidos negativos que este medio de comunicación puede hacer llegar a los menores de edad.
Es un hecho que Internet se ha convertido en herramienta de trabajo para mucha gente, y lo será en mayor medida conforme pase el tiempo. Además, numerosos sitios con contenido educativo se añaden continuamente a la supercarretera de la información. “Webopedia”, “Study Web”, “Education World”, “Discovery on Line” y “Vermic.com” son solo unos ejemplos. Si se prohibe al niño acceder a este recurso, se estaría postergando la oportunidad de introducir a los educandos en esta inagotable fuente de conocimiento. Para evitar que esto suceda, se han desarrollado diversos programas que restringen el acceso a Internet, de manera que los pequeños no puedan entrar a sitios cuyo contenido sea inadecuado para su edad. Entre estos se destacan: "Net Nanny", "CyberPatrol" y “Specs for Kids". No obstante, sigue siendo la compañía de los padres o educadores, el mejor complemento para la seguridad de los pequeños cibernautas.
La tecnología no debe ser vista como un enemigo de la educación. En cambio, debe ser entendida como un elemento que, bien utilizado, puede servir para nobles fines de enseñanza. Dada la profunda necesidad de elevar la calidad de la educación en nuestra sociedad, no podemos darnos el lujo de desaprovechar herramientas que tienen un enorme potencial didáctico.
(C) Copyright 1998 Héctor Alejandro Silva Sánchez, Derechos Reservados